Seis meses después del confinamiento pocas cosas han cambiado. La falta de trabajadores en los centros sanitarios, la contratación privada de rastreadores, que ahora tienen que cubrirse con militares, junto con la improvisación en la reanudación de las actividades educativas, la incertidumbre sobre la conciliación laboral y la duración de los ERTEs…son motivos más que suficientes para estar en un constante estado de alarma, atentos a cualquier movimiento del Gobierno central, autonómico o de nuestro centro de trabajo.

A esta tensión de estar preparados para cualquier nueva normativa, estudiarla y buscar mejoras para los y las trabajadoras se suma que tengamos que explicar que el virus existe, que existe un interés privado en sacar la vacuna, que las vacunas funcionan y que la tierra es redonda.

Pero es lo que pasa cuando los medios de comunicación siguen actuando de manera irresponsable, dando bombo a posiciones anticientíficas, que desvirtúan la realidad y que si no fuera por su generosa ayuda tendrían menos impacto. Lo vimos con VOX, lo vimos al inicio de la primera ola de contagios culpando a las movilizaciones del 8M, con el morbo de la incertidumbre de contagios y muertes, y ahora lo vemos con los negacionistas. Estos nuevos protagonistas del circo mediático parten de una desconfianza ante las élites mundiales que manejan la industria farmacéutica. Acaban de darse cuenta de que el sistema capitalista no funciona movido por fines humanitarios, algo que la clase obrera sabemos desde hace tiempo. El constante empeoramiento del sistema sanitario público, el fomento de su privatización o la falta de una industria farmacéutica al servicio del pueblo trabajador es algo que venimos sufriendo hace tiempo y que ahora, con una pandemia activa y muy contagiosa., notamos con más gravedad.

¿Y qué hacen los mass media e instituciones públicas frente a estos negacionistas? Darles bombo, sin que asuman ninguna responsabilidad por el claro daño a la salud pública que están generando. En abril, veíamos como “la policía de los balcones” voceaba a cualquiera que paseara por la calle y como aumentaban las detenciones y multas. Sin embargo, nada se sabe ni se dice sobre la posibilidad de imputar a estos negacionistas esas multas y delitos en los que se insistían aquellos meses. ¿Y por qué este trato diferente? ¿Porque Miguel Bosé tiene mucho dinero e influencia? No; porque fomentan las posiciones más reaccionarias, igual que lo hacían las policías de los balcones.

Con un lenguaje que viene de la lucha obrera como ser “la Resistencia”, que nos recuerda a la actividad organizada que realizaron los antifascistas franceses ante la ocupación nazi, intentan calar entre los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, no tienen en cuenta que nosotros somos científicos, que tenemos la experiencia de la URSS promoviendo la erradicación de la viruela, que estamos acostumbrados a cumplir medidas de salud en el trabajo, y que respetamos y valoramos el trabajo de los sanitarios, equipos de limpieza, investigadores y resto de trabajadores cuyas capacidades estamos seguros de que permitirán erradicar la COVID-19.

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