El 19 de noviembre se aprobaba en el Congreso la Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE). A pesar de que todavía le quedan unos meses de recorrido parlamentario antes de ver la luz en el BOE, esta “nueva” ley educativa ya ha generado una fuerte respuesta, sobre todo desde la patronal de la enseñanza concertada y las entidades vinculadas con la Iglesia Católica. Respuesta, claro está, amplificada por los medios de comunicación que les son afines y toda esa caterva de tuiteros que no saben de qué hablan, pero a los que les pone insultar al “gobierno socialcomunista”.

Se repite, aunque entonces no había Twitter, la situación que se produjo ante la aprobación de la LOE en noviembre de 2005, siendo ministro el actual portavoz del PSOE en la cámara regional madrileña, Ángel Gabilondo, y Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

Y es verdad que se repite todo, hasta la propia ley. Lo primero que debemos decir con claridad es que la LOMLOE no es una “nueva ley educativa”, sino una puesta a punto de la LOE, una actualización… eso que hoy en el mundo cinematográfico se llama un “reboot”. Por eso se manifiestan tan activamente los mismos que ya lo hicieron en 2005, y por eso utilizan argumentos similares a los de entonces, pero llevados en algunos casos al extremo del ridículo. Ya se sabe: aquello de la tragedia y la farsa…

La LOMLOE es la respuesta del PSOE a la LOMCE, que respondía a la LOE, que respondía a la LOCE, que respondía a la LOGSE, que seguía a la LODE, que seguía a la LOECE, que completaba a la LGE… y así hasta la Ley Moyano, si me apuran. Por centrarnos en la Historia más reciente, cada Gobierno tras la dictadura franquista ha intentado hacer “su” ley educativa, siendo ésta derogada o modificada en cuanto entraron “los otros” en La Moncloa.

No, no digo esto para alegar que hace falta un “pacto de Estado” en educación, sino para resaltar el hecho de que, a pesar de las sucesivas leyes educativas, algunas de las cuales sólo existieron sobre el papel, los elementos determinantes y característicos del sistema educativo español se han mantenido fundamentalmente inalterados desde que, en 1985, el Gobierno del PSOE diera carta de naturaleza al sistema de los conciertos educativos.
A la existencia de ese modelo segregador y parásito luego se le fueron sumando elementos que no han sido suprimidos por la LOMLOE: la eliminación de las zonas escolares y la eliminación de la elección democrática de los equipos directivos, así como la insistencia en la autonomía de los centros que oculta bajo palabras bonitas la triste realidad de la competencia pura y dura entre centros por el alumnado.

La LOMLOE no altera en lo esencial esta realidad. A pesar de la machacona campaña mediática, la educación concertada goza de muy buena salud en España. La propia ministra Celaá lo ha repetido por activa y por pasiva siempre que ha tenido ocasión, llegando a decir recientemente que “hay una parte de la concertada que no ha sabido leer las ventajas de la ley”.

La movilización de los sectores más reaccionarios de la sociedad, que aspiran a mantener su ascendente sobre amplias capas a través de una escuela concertada, no responde a una agresión real, sino a que no quieren renunciar a nada de todo lo que ya les han ido dando los gobiernos socialistas y populares en los últimos 35 años, y porque quieren mucho más, como se ve periódicamente cada vez que vuelve el debate sobre el cheque escolar o cada vez que se exige que el Estado pague “todo el coste” de la concertada.

Esto es, realmente, lo lamentable, porque además es muy ilustrativo de la situación general de la lucha de clases en nuestro país. Estos sectores reaccionarios pelean hasta el último centímetro y se movilizan a la mínima que ven sus intereses peligrar, aún exagerando. Mientras tanto, la clase obrera va perdiendo terreno, dirigida por la socialdemocracia, asumiendo cada día más los postulados ajenos que la llevan a cavar su propia tumba. Recordemos que, mientras se tilda de “privilegiados” a los trabajadores y trabajadoras que defienden sus derechos laborales y sus condiciones de vida, se difunden las movilizaciones de la patronal de la concertada y sus palmeros bajo la apelación a la “libertad”. Así está la lucha ideológica en nuestros días.

Por muchas mentiras, manipulaciones y tergiversaciones que se utilicen contra la ley por quienes defienden la escuela concertada o la enseñanza religiosa, la LOMLOE no es una buena ley ni merece el apoyo de los comunistas. Entre otras cosas, porque hacer que la religión no cuente en el expediente no es eliminar la religión de las aulas, o porque introducir asignaturas de “civismo” o “valores” vale para muy poco en una sociedad que se sustenta sobre el individualismo y la competencia.

El sistema dual pagado por el Estado es la apuesta de los liberales y los socialdemócratas. Ningún Gobierno capitalista está dispuesto a cambiarlo porque la educación no es sólo el espacio para la formación ideológica de los futuros cuadros, sino, como el resto de servicios públicos, también un espacio para la acumulación de capital. Por ello, sus falsos debates no deben confundirnos. Ninguna ley aprobada por un Gobierno capitalista va a suponer un avance real en un sistema laico, científico y exclusivamente público que no dependa de las necesidades e intereses del mercado.

No Comments Yet

Comments are closed

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies