No hay tiempo que perder

Llega el segundo mes de mayo bajo los efectos de la pandemia y la crisis. Llega otro Primero de Mayo extraño en el que las movilizaciones obreras por todo el país, a pesar de poder realizarse en las calles, quedan deslucidas por las exigencias de distancia física, recorridos limitados y aforos también limitados por temor a los contagios. 

A punto de finalizar la vigencia del estado de alarma decretado a finales de octubre, hay muchas interrogantes sobre cómo se desarrollará la vida económica, política y social a partir de ahora, pero lo que no puede generar ningún tipo de duda es que esta crisis sanitaria está siendo utilizada como excusa y argumento para continuar empeorando las condiciones de vida y de trabajo de nuestra clase.

Con la perspectiva que da el tiempo, con la experiencia de lo vivido en los últimos catorce meses, queda absolutamente claro que es necesario el desarrollo rápido de una fuerza política capaz de representar los intereses de una mayoría trabajadora que, hasta el momento, está casi totalmente sometida a los vaivenes de los partidos y políticos que defienden y promueven intereses ajenos.

La socialdemocracia, siempre experta en decir unas cosas y hacer otras, se está esforzando mucho por vender como proezas lo que ni siquiera llega a las migajas con que, en otro tiempo no muy lejano, se compraba la paz social. Insisten e insisten sobre las bondades de sus políticas y de sus proyectos, continúan con la cantinela de que “otros serán peores” y, mientras tanto, van deslizando un programa completo de actualización de la explotación capitalista en España que ya denunciábamos cuando el Gobierno de coalición daba sus primeros pasos, simplemente a la vista de su programa común de legislatura.

El plan “España Puede”, recientemente presentado por Pedro Sánchez en su versión más actualizada, es un programa de compromisos hacia las autoridades europeas para que empiecen a soltar los millones comprometidos. Pero también dibuja el proyecto de país que tienen el PSOE, Unidas Podemos y otros socios menores que actúan como sus muletas cuando es necesario. Un proyecto de país que está hecho a la medida de ciertos sectores empresariales, que actualiza el poder de los monopolios en España, pero sin alterar su esencia en lo más mínimo y que coloca a la mayoría trabajadora aún más a los pies de los caballos.

En estas páginas venimos denunciando desde hace tiempo el proceso de “uberización”. Venimos señalando que a los capitalistas les interesa que haya fuerza de trabajo abundante de la que poder tirar con la máxima flexibilidad, cuando les interese, para lo que sea y cuando sea, sin tener obligaciones hacia esos trabajadores más allá de las jornadas en que les vengan bien. Ese es el camino que bendice el plan del Gobierno, que sigue insistiendo en que los ERTE y la flexibilidad son una gran conquista que debe ser saludada por el mundo del trabajo. 

Que un Gobierno socialdemócrata vuelva a llenarse la boca con la defensa del trabajador y del humilde mientras legisla para las empresas y los explotadores no extrañará a quienes ya tengan unos años y una mínima experiencia en la lucha de clases. Para las generaciones más jóvenes de nuestra clase la experiencia con el Gobierno de coalición socialdemócrata tiene una virtud: les ofrece una experiencia propia y directa valiosísima para el futuro, una lección en directo de todo lo que los luchadores más veteranos les decían sobre la bancarrota de la segunda internacional, sobre el papel de la socialdemocracia y sobre la necesidad perentoria de los partidos comunistas como fuerzas políticas capaces no sólo de representar sus intereses sino también de ofrecerles la posibilidad de luchar por una sociedad radicalmente diferente.

El desarrollo de la fuerza política independiente de nuestra clase, del Partido Comunista, es una necesidad urgente e inmediata, que no admite florituras, fuegos de artificio ni más vendedores de humo. Desde quienes sufren la esquizofrenia de ser y no ser Gobierno hasta quienes han pensado que las redes sociales son el nuevo organizador colectivo, pasando por los exégetas del comunismo que carecen de comprensión lectora y las pandillas que han cambiado el fútbol por la política.

Nuestra clase necesita comunistas que digan las cosas como son y como pueden ser, que expliquen lo que hay detrás de la propaganda gubernamental y del resto de fuerzas capitalistas. Comunistas que organicen a sus hermanos de clase en sus lugares de residencia, en sus lugares de trabajo y en sus lugares de estudio para luchas que empiezan muchas veces sólo reaccionando ante las consecuencias más visibles del capitalismo. Pero que, si hay comunistas dirigiéndolas, terminan por poner en tela de juicio al sistema capitalista en su conjunto y planteando la única alternativa realista a lo actual, que es construir una sociedad sin explotadores.

Queremos que todos los días sean Primero de Mayo, así que no hay tiempo que perder.

Redacción Nuevo Rumbo

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