Con el estado de alarma y cuarentena que estamos viviendo, vemos también que algunos deciden ir a pasar esa cuarentena a un lugar tranquilo, como el pueblo. Para eso han quedado nuestros pueblos: turismo rural, retiradas espirituales y se ve que, para algunos también, como refugio ante epidemias. Sin embargo, las consecuencias de esos viajes a las poblaciones rurales pueden ser graves, pues en muchas zonas apenas cuentan con medios sanitarios para el día a día, siendo muy peligroso que se genere un pico de contagio en las zonas.

Hablamos de una población envejecida, que frecuentemente tiene enfermedades crónicas y un sistema inmunológico más debilitado, con carreteras deterioradas y consultorios médicos que están en el mismo espacio que el Ayuntamiento y/o el Hogar del Jubilado que es el bar del pueblo.

Y es que existen 10.155 consultorios rurales para 7 millones de habitantes, es decir cada médico se encarga de 700 personas, cuando, por ejemplo, en Madrid existe un médico por cada 170 personas. A esto se suma la distancia entre los grupos de población que tienen que recorrer los sanitarios para consultas y atenciones médicas, y los medios reducidos en esos consultorios, muchos de los cuales no cuentan con ambulancias.

Con la epidemia del coronavirus, la sanidad rural tiene todo un reto por delante. Deberá contar con los mismos medios de protección individual que los consultorios de atención primaria, lo que seguramente no se cumpla, y serán los propios médicos quienes se deberán responsabilizar de que existan esos medios. En vez de aumentar los recursos, proponen medidas, como el soporte vital social que consiste en dotar a los enfermos de pulseras de aviso e impulsar equipos comunitarios de ayuda urgente con unas simples nociones de primeros auxilios a la población para atender a sus vecinos hasta la llegada de profesionales sanitarios. Esa medida únicamente conllevará que personas no profesionales tengan que asumir responsabilidades para las que no están preparadas, así como un mayor riesgo de contagio ante el COVID-19. Esto muestra que la única solución verdaderamente útil para la salud pública es reforzar el sistema sanitario con profesionales y medios, en especial la sanidad rural.

Ante esta situación debemos continuar reivindicando una sanidad al servicio de los y las trabajadoras, reconociendo la labor de estos médicos rurales, evitando colapsar los consultorios rurales, cuyos pacientes habituales son personas de alto riesgo, y, por supuesto, no considerar al pueblo como nuestra zona de recreo para pasar la cuarentena. Y cuando remita la enfermedad, volver a llenar la calle en defensa de la sanidad pública gratuita y de calidad.

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