Hospital Clínico de Salamanca. Imagen: EFE/J.M.GARCÍA

Pablo Casado hablaba recientemente de la España de los balcones, llamando héroes a los sanitarios que luchan contra el virus. Todo héroe necesita su villano. Pero pocos guionistas se habrían atrevido a imaginar uno tan lúgubre e hipócrita como lo que está apareciendo durante esta crisis, la realidad vuelve a superar a la ficción.

Para este combate, 2.835 sanitarios han sido contratados de manera excepcional en Castilla y León, a los que se les concluye el contrato al acabar abril. Estos trabajadores, que después de pasar por una formación cada vez más precarizada y mercantilizada, habían dado con sus huesos en el paro hasta la llegada del virus, junto a muchos otros que aún siguen así. Trabajadores que no cabían en un sistema económico que necesita despedazar y vender al peso en el mercado sus servicios públicos, porque de cada crisis del capitalismo, solo se puede salir empeorando la vida del pueblo. Pero la clase trabajadora responde. Y sin embargo, estos profesionales recogieron el guante, respondieron a la llamada, y han estado en la lucha en cada centro de salud y hospital. En un momento que sabían que iba a ser de máximo peligro, esfuerzo y estrés. Hasta hoy, así siguen.

Verónica Casado, Consejera de Sanidad de la Junta de Castilla y León gobernada por el Partido Popular y Ciudadanos, ha anunciado que estas personas van a acabar su contrato. En un momento en que el Gobierno del PSOE y Podemos se jacta de haber prohibido el despido, casi 3.000 de las personas más útiles en la situación actual van a pasar de tener trabajo a no tenerlo en Castilla y León. Un trabajo que se necesita con desesperación, mientras miles de empresarios mantienen funcionando actividades no esenciales, también con el beneplácito del Gobierno.

Un Gobierno que miente. Fernando Simón ha afirmado literalmente que se están haciendo test a todos los sanitarios. Conocemos la situación de los trabajadores de la sanidad, y hay plantas de hospital enteras en Castilla y León donde no se ha hecho test a nadie. Profesionales que han enfermado, estando en cuarentena y vuelto a su puesto sin ninguna prueba en ningún momento.

No se puede trabajar bien con miedo a irse a la calle. Ni se puede trabajar bien con presiones, turnos interminables, o protección insuficiente, falta de medios y miedo a la enfermedad. No se puede trabajar ni vivir bien en un sistema que tiene sus prioridades en algo muy diferente a las necesidades de la población.

¿Cuál es la solución a esta situación? Girar a la producción de equipo médico. Parar de verdad toda actividad no esencial. Supervisar centros de salud, hospitales, residencias. Buscar sanitarios hasta debajo de las piedras. Conseguir que tengan seguridad laboral, estabilidad en el trabajo, para que no se pierda experiencia en el SEPE y se garantice el mejor trabajo posible. Pero hay otra lógica, la lógica del capital, y las instituciones capitalistas, que estos despidos cristalizan, y que existan turnos interminables y aún sanitarios en paro.

Pablo Casado es prescindible. Verónica Casado es prescindible. Los empresarios que han llenado de despidos y ERTEs Castilla y León son prescindibles. Solamente los trabajadores son esenciales, con o sin crisis.

Se habla mucho de guerra últimamente. Una metáfora bastante apropiada, pero no porque sea necesaria una unión sagrada de todas las ideologías y capas sociales contra un enemigo común. Sino porque, como en la mayoría de las guerras, se arroja solamente al pueblo a luchar y morir. Sin embargo para esta lucha, que sí que es justa, se agradecería enormemente que además de tener al enemigo enfrente, no se tuviera además de manera constante un puñal apretando en la espalda.

Estos despidos son traidores e irresponsables. Nos piden una unidad tramposa con los gestores del capitalismo. Denunciemos cada falta de seguridad, cada abuso, cada traición a los trabajadores. Porque esta crisis, tanto sanitaria como económica, necesita una respuesta contundente. Las grandes luchas por la sanidad en nuestra Comunidad Autónoma volverán cada vez con más fuerza hasta que estas tropelías no tengan cabida. Es necesaria la organización y la solidaridad más que nunca. La alternativa es el despido, el mal servicio, la desprotección.

En esta tierra afortunadamente abundan los héroes. El heroísmo de las pequeñas cosas, del cuidado, de las redes de apoyo y solidaridad, del autosacrificio. El heroísmo silencioso y popular, del pueblo que salva la situación, como siempre. Qué bien nos irá cuando deje de haber villanos.

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